Nunca entenderé el porqué todas las personas siempre se esconden y se esconderán toda la vida tras una cara que no es la suya. Hablo de las murallas y de los impedimentos a lo natural, a lo bello. Me refiero a todo ese cúmulo de cosas que se nos han impuesto como el canon de belleza y que casi todos se creen: Maquillaje a modo de camuflaje para esconder aquello que somos y presentar así, al mundo, a uno más del rebaño. En efecto, somos todos, en mayor o en menor medida, aquel rebaño de ovejas que no desea deshacerse de su lana, pues tiene miedo de enseñar la piel.
Y es que la belleza de la individualidad se ha perdido. Ahora todos, y todas, desean a aquellos, y a aquellas, que a su vez siguen la moda reinante: Medidas de cuerpo con síntomas de anorexia, es lo bello. Una hilera de hombres y mujeres que poseen mucho físico y poco cerebro, es lo bello. Todo aquella parafernalia modular que forma parte de todos, la misma jerga hablada, los mismos recursos para atraer, es lo bello. Porque para una sociedad que ha generalizado y prostituido el concepto de belleza, lo que es común, burdo y artificial es lo bello.
Pero para mí no, yo no veo belleza en ninguno de vosotros. La perdisteis en el momento que tirasteis a la basura vuestros atributos naturales, en el momento que cambiasteis vuestra ya sea más o menos tersa piel por un montón de mejunje mágico que adultera vuestras facciones y las reduce a falsa careta de payaso. Perdisteis todo mi interés cuando dijisteis no a lo individual, no al interior de cada uno, no a la valoración de los sentimientos únicos, puros. Y acabasteis diciendo que sí a lo superficial, al cuerpo que caduca y muere, rechazando así a la inteligencia que ni tan siquiera ha podido nacer en vosotros o al poderío de una risa sin trabas, sin tretas ocultas, natural.
Es este mundo el paraíso de lo aparente, pozo en el que se ahogan los sentidos. Se abre el telón de lo difuso, lo confuso y lo engañoso; el drama que representa al miedo, a la vergüenza, al ser que no quiere ser. Se cierra el telón, esta vez para esconder, cual si de cortina de rimmel y de sombra de ojos se tratara, la belleza verdadera.
En fin, la gente tenía miedo de elegir la cara de la moneda, y se quedó con la cruz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario