domingo, 24 de mayo de 2015
Érase una vez... Una belleza prostituida y vejada.
Y es que la belleza de la individualidad se ha perdido. Ahora todos, y todas, desean a aquellos, y a aquellas, que a su vez siguen la moda reinante: Medidas de cuerpo con síntomas de anorexia, es lo bello. Una hilera de hombres y mujeres que poseen mucho físico y poco cerebro, es lo bello. Todo aquella parafernalia modular que forma parte de todos, la misma jerga hablada, los mismos recursos para atraer, es lo bello. Porque para una sociedad que ha generalizado y prostituido el concepto de belleza, lo que es común, burdo y artificial es lo bello.
Pero para mí no, yo no veo belleza en ninguno de vosotros. La perdisteis en el momento que tirasteis a la basura vuestros atributos naturales, en el momento que cambiasteis vuestra ya sea más o menos tersa piel por un montón de mejunje mágico que adultera vuestras facciones y las reduce a falsa careta de payaso. Perdisteis todo mi interés cuando dijisteis no a lo individual, no al interior de cada uno, no a la valoración de los sentimientos únicos, puros. Y acabasteis diciendo que sí a lo superficial, al cuerpo que caduca y muere, rechazando así a la inteligencia que ni tan siquiera ha podido nacer en vosotros o al poderío de una risa sin trabas, sin tretas ocultas, natural.
Es este mundo el paraíso de lo aparente, pozo en el que se ahogan los sentidos. Se abre el telón de lo difuso, lo confuso y lo engañoso; el drama que representa al miedo, a la vergüenza, al ser que no quiere ser. Se cierra el telón, esta vez para esconder, cual si de cortina de rimmel y de sombra de ojos se tratara, la belleza verdadera.
En fin, la gente tenía miedo de elegir la cara de la moneda, y se quedó con la cruz.
Pequeña reflexión de madrugada.
martes, 19 de mayo de 2015
¿La sumisión de mis Ideales, de MI vida? No, gracias.
Sin creatividad solo somos máquinas. Pues, ¿qué son sino éstas? Simples instrumentos que sirven a un propósito, objetos que se mantienen a un océano de lejanía de conceptos como imaginación, astucia e improvisación: Están marcadas por unas pautas predichas que gobiernan sobre ellas.
Así, similar a esto, contemplo a la sociedad en la que me ha tocado vivir: Un cúmulo de personas que han nacido en serie y han muerto en su propio comienzo, pues en ellos siempre escasearán la lucidez y la libre decisión. Las pautas que nos someten no son menos sistemáticas que las que dirigen a las máquinas. Porque en nosotros reinan las instrucciones que escriben las grandes multinacionales y que nos plantan sobre nuestra espalda a modo de lastre, tan grande o más que el que fue la pesada Cruz para Cristo. Nos marcan un estilo y una moda que nosotros siempre seguimos, siendo entonces aquel pinocho que, lejos de obtener la virtud de la vida, se mantendrá impasible y quieto cual si de piedra más que de madera mágica se compusiese su cuerpo, manejado por los grandes poderes -los políticos y los económicos, la misma jerga es- a sus anchas.
Pero yo digo no. Digo no a un destino marcado en la fragua maldita de aquellos imbéciles. Digo no al poderoso caballero que es don dinero, convertido hoy en necesidad, cuando en verdad es un obstáculo para la libertad. Digo no al control, a la sumisión absoluta, al no pensamiento. Digo no al pastor y a su rebaño dócil. Digo y siempre diré no a todos aquellos que intenten abolir mi libertad, que quieran amansar mi voluntad y mis ideales. Digo no a no decir nada, a las bocas calladas y alimentadas de falsas esperanzas, de un futuro que no es sino siempre eso, lejano futuro que nunca llega. Nos mienten y yo digo no, porque puedo decirlo y porque quiero. Porque a mí no me van a atar de brazos y pies, ni mucho menos me van a amordazar ni encular con sus gilipolleces de control de masas. Tan solo diré que sí a una cosa: Que os vayáis al carajo todos aquellos que habéis convertido la vida en un juego. Que os jodan a todos vosotros que habéis hecho de la humanidad un producto en serie.
" Sin corazón solo seríamos máquinas " - Albert Einstein.