miércoles, 16 de septiembre de 2015

Define: ARTE.

Si me preguntaran que qué sé yo de arte respondería, sin duda alguna, que yo de arte no sé nada. Lo primero, porque el arte es un concepto tan inmenso que jamás me atrevería a decir que mi entendimiento logra abarcar más allá que una mínima parte de su existencia. Y segundo, diría que ni yo, ni tan siquiera un catedrático de arte, sabe de arte. ¿Por qué?

Porque para mí el arte es, fundamentalmente, la manifestación de uno o varios sentimientos que deciden unirse para bailar un triste tango, o una frénetica rumba; para cantar una pausada balada, o para hacer sonar un poderoso rock and roll; que lloran o que ríen, o que lloran y ríen, juntos, evocando todo lo que son y lo que representan, a aquél dispuesto a saber verlo. El arte es sentimiento y como tal se debe de sentir, no de saber. Para la mayoría el arte es, quizá, algo que no alberga demasiada importancia en su día a día. En cuanto a mí, sin embargo, me gusta pensar que el arte en sí es vida. En cada recobijo, en cada esquina; en un verso de un poema, en la danza, la pintura y la música: La vida es arte. Y todos en ella somos artistas que, inconscientemente, participamos.

El arte consigue algo que no cualquier cosa hace: De un rincón crea un mundo, y de un mundo crea un simple recobijo. ¿Pues no es cierto que caben mil deducciones, puntos de vista, emociones y sentimientos dentro de un pequeño marco y, sin embargo, al mismo tiempo, podemos pintar el planeta y, aún más, la vía láctea entera, en un diminuto cuadro a través de nuestro aún más diminuta mano? Quien ve arte ve mundo, lo ve todo. Observa dolor en un cuadro, y lo hace suyo; escucha una alegría llamada música, y ríe; baila con desparpajo y se revoluciona; pinta y de pronto su mente crea mundos distintos al suyo; escribe y logra cambiar aquellas cosas que tanto ansía cambiar.
Es un poder que, en una mente positiva y capaz, es insuperable. Porque el arte es el sueño de muchos, que quieren esculpir su dolor, su alegría, su vida. Y no importa si esculpen en mármol, en un lienzo o con la tinta sobre un papel en blanco. Pues mientras llenen ese papel con todo aquello que ellos sienten, se sentirán liberados y realizados. Como yo me siento, una vez que veo que, mejor o peor, alegre o feliz, he dado una vida menos blanca y vacía, a un papel que antes no sabía hablar y que, ahora, con mis palabras, a veces ríe, y a veces llora.


PD: Dicho ésto me gustaría tratar de entender por qué el maltrato animal, la tortura y el asesinato por ocio, que no por necesidad, se considera arte. Pero no lo logro entender. El arte es el sacrificio propio, la dedicación por algo que tú consideras que logra saca lo mejor de ti. Y el arte a veces también es dolor. pero no dolor ajeno, no dolor sin sentido, no dolor animal. Quizá un toro atravesado por espadas no hable, pero sí que llora. Y para verlo no es necesario entender de arte, tan solo hay que sentir un poco, y escuchar. Algo que muchos en este país, y en otros, nunca sabrán hacer.

domingo, 24 de mayo de 2015

Érase una vez... Una belleza prostituida y vejada.

Nunca entenderé el porqué todas las personas siempre se esconden y se esconderán toda la vida tras una cara que no es la suya. Hablo de las murallas y de los impedimentos a lo natural, a lo bello. Me refiero a todo ese cúmulo de cosas que se nos han impuesto como el canon de belleza y que casi todos se creen: Maquillaje a modo de camuflaje para esconder aquello que somos y presentar así, al mundo, a uno más del rebaño. En efecto, somos todos, en mayor o en menor medida, aquel rebaño de ovejas que no desea deshacerse de su lana, pues tiene miedo de enseñar la piel.

Y es que la belleza de la individualidad se ha perdido. Ahora todos, y todas, desean a aquellos, y a aquellas, que a su vez siguen la moda reinante: Medidas de cuerpo con síntomas de anorexia, es lo bello. Una hilera de hombres y mujeres que poseen mucho físico y poco cerebro, es lo bello. Todo aquella parafernalia modular que forma parte de todos, la misma jerga hablada, los mismos recursos para atraer, es lo bello. Porque para una sociedad que ha generalizado y prostituido el concepto de belleza, lo que es común, burdo y artificial es lo bello.

Pero para mí no, yo no veo belleza en ninguno de vosotros. La perdisteis en el momento que tirasteis a la basura vuestros atributos naturales, en el momento que cambiasteis vuestra ya sea más o menos tersa piel por un montón de mejunje mágico que adultera vuestras facciones y las reduce a falsa careta de payaso. Perdisteis todo mi interés cuando dijisteis no a lo individual, no al interior de cada uno, no a la valoración de los sentimientos únicos, puros. Y acabasteis diciendo que sí a lo superficial, al cuerpo que caduca y muere, rechazando así a la inteligencia que ni tan siquiera ha podido nacer en vosotros o al poderío de una risa sin trabas, sin tretas ocultas, natural.

Es este mundo el paraíso de lo aparente, pozo en el que se ahogan los sentidos. Se abre el telón de lo difuso, lo confuso y lo engañoso; el drama que representa al miedo, a la vergüenza, al ser que no quiere ser. Se cierra el telón, esta vez para esconder, cual si de cortina de rimmel y de sombra de ojos se tratara, la belleza verdadera.
En fin, la gente tenía miedo de elegir la cara de la moneda, y se quedó con la cruz.


Pequeña reflexión de madrugada.

Me preguntaba yo, en plena víspera de las municipales, si no servirían tal cantidad de sobres de propaganda electoral, esta vez sin dinero dentro, apilados todos juntos para hacerlos arder a modo de hoguera y así calentar a los miles de desahuciados en la fría intemperie del invierno. Éso, o quizá sería más sencillo, y más lógico, dejarlos vivir en esas también miles de casas, hoy huérfanas desde que la burbuja, sí, la especulativa, estallase y las dejara sin nadie que les diese calor. Un calor que, paradójicamente, hoy escasea en aquellos destinados a acabar con el eco de soledad que reina en esas casas vacías, en esos miles de gélidos y hambrientos sin techo, que necesitan desesperadamente el cálido abrazo de cuatro paredes y una sopa caliente.


martes, 19 de mayo de 2015

¿La sumisión de mis Ideales, de MI vida? No, gracias.

Sin creatividad solo somos máquinas. Pues, ¿qué son sino éstas? Simples instrumentos que sirven a un propósito, objetos que se mantienen a un océano de lejanía de conceptos como imaginación, astucia e improvisación: Están marcadas por unas pautas predichas que gobiernan sobre ellas.

Así, similar a esto, contemplo a la sociedad en la que me ha tocado vivir: Un cúmulo de personas que han nacido en serie y han muerto en su propio comienzo, pues en ellos siempre escasearán la lucidez y la libre decisión. Las pautas que nos someten no son menos sistemáticas que las que dirigen a las máquinas. Porque en nosotros reinan las instrucciones que escriben las grandes multinacionales y que nos plantan sobre nuestra espalda a modo de lastre, tan grande o más que el que fue la pesada Cruz para Cristo. Nos marcan un estilo y una moda que nosotros siempre seguimos, siendo entonces  aquel pinocho que, lejos de obtener la virtud de la vida, se mantendrá impasible y quieto cual si de piedra más que de madera mágica se compusiese su cuerpo, manejado por los grandes poderes -los políticos y los económicos, la misma jerga es- a sus anchas.
Pero yo digo no. Digo no a un destino marcado en la fragua maldita de aquellos imbéciles. Digo no al poderoso caballero que es don dinero, convertido hoy en necesidad, cuando en verdad es un obstáculo para la libertad. Digo no al control, a la sumisión absoluta, al no pensamiento. Digo no al pastor y a su rebaño dócil. Digo y siempre diré no a todos aquellos que intenten abolir mi libertad, que quieran amansar mi voluntad y mis ideales. Digo no a no decir nada, a las bocas calladas y alimentadas de falsas esperanzas, de un futuro que no es sino siempre eso, lejano futuro que nunca llega. Nos mienten y yo digo no, porque puedo decirlo y porque quiero. Porque a mí no me van a atar de brazos y pies, ni mucho menos me van a amordazar ni encular con sus gilipolleces de control de masas. Tan solo diré que sí a una cosa: Que os vayáis al carajo todos aquellos que habéis convertido la vida en un juego. Que os jodan a todos vosotros que habéis hecho de la humanidad un producto en serie.

" Sin corazón solo seríamos máquinas "  - Albert Einstein.