Me preguntaba yo, en plena víspera de las municipales, si no servirían tal cantidad de sobres de propaganda electoral, esta vez sin dinero dentro, apilados todos juntos para hacerlos arder a modo de hoguera y así calentar a los miles de desahuciados en la fría intemperie del invierno. Éso, o quizá sería más sencillo, y más lógico, dejarlos vivir en esas también miles de casas, hoy huérfanas desde que la burbuja, sí, la especulativa, estallase y las dejara sin nadie que les diese calor. Un calor que, paradójicamente, hoy escasea en aquellos destinados a acabar con el eco de soledad que reina en esas casas vacías, en esos miles de gélidos y hambrientos sin techo, que necesitan desesperadamente el cálido abrazo de cuatro paredes y una sopa caliente.
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