Pobre de aquel que, viviendo en este mundo, trate de ser justo en todos los ámbitos de su vida. No es posible. No con este sistema, con esta sociedad. Ser vegetariano, proteger a los animales, a la naturaleza, a los pobres... El hacer todo éso implica reducir tus actos al mero hecho de respirar, pues todo está altamente preparado para que el ser cómplice de la masacre del planeta, ideada por seres avariciosos, sea ineludible. ¿Cómo decir que se es justo, si para vestirnos debemos de poner sobre nuestras carnes el sufrimiento de personas que trabajan explotadas? Y si además para evitar ésto la única opción, la ropa ecológica y sostenible, es demasiado cara, ¿qué hacemos? ¿Cómo decir que se es justo, si para desplazarnos al trabajo cada día escogemos ir en coche? O, peor aún, ¿cómo ser justo, si escogemos el coche para ir a comprar ropa hecha por manos hambrientas y pobres? Ésto se complica, ¿no? Pero aún hay más. ¿Cómo ser justo, si el hecho de ser humano deriva en un kilogramo de basura y doscientos litros de agua al día? Y, ¿cuántos animales al día comemos? Pues, ¿no es cierto que vamos a un supermercado cada día y allí, con toda la normalidad, escogemos entre cientos de tipos de especies que son asesinadas sistemáticamente para saciar nuestra hambre? Bueno, más bien el hambre nos es bastante ajena aquí, en los países desarrollados, así que diría que tan solo es una egoísta excusa para seguir comiendo infinitamente las vidas de más y más animales. Una excusa que se convierte en necesidad para los estómagos vacíos de muchas personas.
Definitivamente, no creo que se pueda ser justo en todo. Quizá siendo rico se pueda ser algo más justo, pues en este mundo todo es más accesible si tienes dinero. Pero seguramente el hecho de llenarte los bolsillos con dinero implica que ese dinero esté manchado, corrupto y, por tanto, que sea injusto.
Lo que tomo por conclusión, por tanto, es que a las personas no se nos prepara para buscar soluciones que no hayan sido ya descubiertas. Vivimos en una sociedad injusta, en un mundo que el humano más insaciable ha hecho cruel. Entonces, ¿cómo pretendemos poder ser justos? Estamos atrapados en esa injusticia, en esa rutina que los más avariciosos han creado. Nuestra vida significa automáticamente, se quiera o no, en mayor o en menor cantidad, el fin de muchas otras. En lo que tarda en consumirse una vida humana, ésta consume miles y miles de vidas inocentes, y sodomiza a otras tantas que están todavía más condenadas. No debemos de seguir buscando solución en un mundo en el que no hay solución posible.
Yo sé que para poder disfrutar mi vida sin dañar a ningún otro ser deberé de abandonar esta sociedad cruel, diseñada tan solo por y para el disfrute de unos pocos asesinos. Porque la solución justa existe, pero hay que buscarla desde una manera de vivir también justa. Quizá sea difícil, pues como ya he dicho, nuestra mente tan solo es capaz de buscar entre soluciones ya conocidas. Pero todo pasa por atreverse a crear tu propia manera de vivir. Hay que desprenderse de los mecanismos que te obligan a seguir sufriendo y haciendo sufrir, abandonar una sociedad humana que cada vez es más cruel. En resumen, hay que atreverse a inventar, a construir una vida realmente respetuosa con todo y todos. Ojalá y algún día pueda dar con esa solución, esa solución que me permita crear mi propio camino y, al mismo tiempo, recorrerlo. Un camino en el que yo pueda disfrutar del mundo, y el mundo pueda disfrutar de mí. Un camino alejado de esa forma de vida asesina y maldita, que a todos nos oprime, pero que nadie se atreve a dejar.
jueves, 7 de abril de 2016
miércoles, 10 de febrero de 2016
No elijas tu camino: Créalo.
Todos somos pintores
excepcionales en nuestra cabeza. Pues, en multitud de ocasiones,
nuestra mente pinta o imagina un lienzo que varía según nuestro
humor, nuestra educación o nuestra manera de ser. Ya sea para opinar
sobre la situación político-económica y social del país, sobre
cómo le queda la chaqueta a esa persona o sobre si es más factible viajar
a París o a Nueva York, nuestra mente comienza a dibujar la
situación, a imaginarla. Le añade colores y texturas, distintos
matices que dictarán si elegimos el negro más lúgubre, el gris más
indeciso o el blanco más puro: El lienzo perfecto o el más
pesimista y horrible, según la situación. Un desfile del arcoíris o
los tonos más propios del infierno. Todos improvisamos cientos de
cuadros al día: Un día nos despertamos rock, otros días apostamos
por Beethoven y en otros nos sienta bien una tranquila balada o el
silencio. Quizá, algún día, cuando se pueda leer la mente de los
demás, se pueda descubrir el mundo de color, tinieblas y pasión que
cabe dentro de cualquier persona anónima que, frustrada por no haber
podido materializar esa canción, ese lienzo o ese libro, se ha
terminado conformando con acabarlo, poco a poco, dentro de sí mismo.
Con ésto lo que quiero
decir es que hay un mundo ilimitado de posibilidades y fantasías
detrás de cada uno de nosotros. Todos imaginamos, sentimos y
creamos, aunque no todos lo puedan exteriorizar. Pues ahí reside lo
singular del artista, que es capaz de sacar lo que lleva dentro y
plasmarlo en un papel, en un lienzo, o hacerlo llegar a los oídos de
otros. Siendo capaz de emocionar a los demás e, incluso, a sí mismo. Sí, es fácil imaginar nuestra obra de teatro perfecta, y muy
difícil representarla de puertas para afuera. Por ello, es curioso
ponerse a pensar que hay muchas mentes que se quedan atrás por
incapacidad, falta de confianza, de dedicación o de posibilidades,
mientras que otras, desiertos áridos de ideas, logran lo que
aquellos manantiales curiosos, inteligentes y genios no pueden por
diversas circunstancias. La oferta y la demanda que, con la
suficiente publicidad o apoyo, bien podría yo mismo dibujar una
cuadrícula con un lápiz, del nivel de un niño de cinco años, y
aun así venderla por diez veces más de lo que necesita ese joven
guitarrista, o ese pintor de sonrisas callejero, que siempre gana al
juego de estarse quieto, para poder costearse sus estudios de bellas
artes.
En este mundo que todo te
da sin merecerlo y todo te quita de la manera más injusta, la única
manera de lograr tus objetivos es confiar en uno mismo y, sobre todo,
fiarse de tu mundo interno, único e imaginado. Hacerlo real, y
recorrer el camino que tú elijas según tus creencias, tus gustos,
tus directrices. Pues ya lo hemos visto con artistas decididos como
Van Gogh, que fue ninguneado y despreciado en vida por disgregarse
del rebaño: Célebre tan solo una vez acabó de cavar su propia
tumba, y metió la cabeza dentro. Allí, al menos, todo era como él
quería que fuera. Sin una sociedad que te adoctrina y te ubica donde
tienes, y no donde quieres estar.
Siempre valdrá más la
pena ser una alguien que al mirarse al espejo se sienta orgulloso y
único; que sepa que su mayor éxito es conocerse a sí mismo, y
valorar su aventura singular y diferente. Alejado de ser uno más de
esa hilera idéntica de ovejas, que caminan juntas al matadero: bien
rectas, bien iguales, bien carentes de imaginación. Pues si hay algo
realmente valioso, es el vivir sintiendo que se vive, y no que se
muere, lentamente, cansado de pisar el camino mil veces ya pisado por
otros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)