Si me preguntaran que qué sé yo de arte respondería, sin duda alguna, que yo de arte no sé nada. Lo primero, porque el arte es un concepto tan inmenso que jamás me atrevería a decir que mi entendimiento logra abarcar más allá que una mínima parte de su existencia. Y segundo, diría que ni yo, ni tan siquiera un catedrático de arte, sabe de arte. ¿Por qué?
Porque para mí el arte es, fundamentalmente, la manifestación de uno o varios sentimientos que deciden unirse para bailar un triste tango, o una frénetica rumba; para cantar una pausada balada, o para hacer sonar un poderoso rock and roll; que lloran o que ríen, o que lloran y ríen, juntos, evocando todo lo que son y lo que representan, a aquél dispuesto a saber verlo. El arte es sentimiento y como tal se debe de sentir, no de saber. Para la mayoría el arte es, quizá, algo que no alberga demasiada importancia en su día a día. En cuanto a mí, sin embargo, me gusta pensar que el arte en sí es vida. En cada recobijo, en cada esquina; en un verso de un poema, en la danza, la pintura y la música: La vida es arte. Y todos en ella somos artistas que, inconscientemente, participamos.
El arte consigue algo que no cualquier cosa hace: De un rincón crea un mundo, y de un mundo crea un simple recobijo. ¿Pues no es cierto que caben mil deducciones, puntos de vista, emociones y sentimientos dentro de un pequeño marco y, sin embargo, al mismo tiempo, podemos pintar el planeta y, aún más, la vía láctea entera, en un diminuto cuadro a través de nuestro aún más diminuta mano? Quien ve arte ve mundo, lo ve todo. Observa dolor en un cuadro, y lo hace suyo; escucha una alegría llamada música, y ríe; baila con desparpajo y se revoluciona; pinta y de pronto su mente crea mundos distintos al suyo; escribe y logra cambiar aquellas cosas que tanto ansía cambiar.
Es un poder que, en una mente positiva y capaz, es insuperable. Porque el arte es el sueño de muchos, que quieren esculpir su dolor, su alegría, su vida. Y no importa si esculpen en mármol, en un lienzo o con la tinta sobre un papel en blanco. Pues mientras llenen ese papel con todo aquello que ellos sienten, se sentirán liberados y realizados. Como yo me siento, una vez que veo que, mejor o peor, alegre o feliz, he dado una vida menos blanca y vacía, a un papel que antes no sabía hablar y que, ahora, con mis palabras, a veces ríe, y a veces llora.
PD: Dicho ésto me gustaría tratar de entender por qué el maltrato animal, la tortura y el asesinato por ocio, que no por necesidad, se considera arte. Pero no lo logro entender. El arte es el sacrificio propio, la dedicación por algo que tú consideras que logra saca lo mejor de ti. Y el arte a veces también es dolor. pero no dolor ajeno, no dolor sin sentido, no dolor animal. Quizá un toro atravesado por espadas no hable, pero sí que llora. Y para verlo no es necesario entender de arte, tan solo hay que sentir un poco, y escuchar. Algo que muchos en este país, y en otros, nunca sabrán hacer.
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