miércoles, 10 de febrero de 2016

No elijas tu camino: Créalo.

Todos somos pintores excepcionales en nuestra cabeza. Pues, en multitud de ocasiones, nuestra mente pinta o imagina un lienzo que varía según nuestro humor, nuestra educación o nuestra manera de ser. Ya sea para opinar sobre la situación político-económica y social del país, sobre cómo le queda la chaqueta a esa persona o sobre si es más factible viajar a París o a Nueva York, nuestra mente comienza a dibujar la situación, a imaginarla. Le añade colores y texturas, distintos matices que dictarán si elegimos el negro más lúgubre, el gris más indeciso o el blanco más puro: El lienzo perfecto o el más pesimista y horrible, según la situación. Un desfile del arcoíris o los tonos más propios del infierno. Todos improvisamos cientos de cuadros al día: Un día nos despertamos rock, otros días apostamos por Beethoven y en otros nos sienta bien una tranquila balada o el silencio. Quizá, algún día, cuando se pueda leer la mente de los demás, se pueda descubrir el mundo de color, tinieblas y pasión que cabe dentro de cualquier persona anónima que, frustrada por no haber podido materializar esa canción, ese lienzo o ese libro, se ha terminado conformando con acabarlo, poco a poco, dentro de sí mismo.

Con ésto lo que quiero decir es que hay un mundo ilimitado de posibilidades y fantasías detrás de cada uno de nosotros. Todos imaginamos, sentimos y creamos, aunque no todos lo puedan exteriorizar. Pues ahí reside lo singular del artista, que es capaz de sacar lo que lleva dentro y plasmarlo en un papel, en un lienzo, o hacerlo llegar a los oídos de otros. Siendo capaz de emocionar a los demás e, incluso, a sí mismo. Sí, es fácil imaginar nuestra obra de teatro perfecta, y muy difícil representarla de puertas para afuera. Por ello, es curioso ponerse a pensar que hay muchas mentes que se quedan atrás por incapacidad, falta de confianza, de dedicación o de posibilidades, mientras que otras, desiertos áridos de ideas, logran lo que aquellos manantiales curiosos, inteligentes y genios no pueden por diversas circunstancias. La oferta y la demanda que, con la suficiente publicidad o apoyo, bien podría yo mismo dibujar una cuadrícula con un lápiz, del nivel de un niño de cinco años, y aun así venderla por diez veces más de lo que necesita ese joven guitarrista, o ese pintor de sonrisas callejero, que siempre gana al juego de estarse quieto, para poder costearse sus estudios de bellas artes.

En este mundo que todo te da sin merecerlo y todo te quita de la manera más injusta, la única manera de lograr tus objetivos es confiar en uno mismo y, sobre todo, fiarse de tu mundo interno, único e imaginado. Hacerlo real, y recorrer el camino que tú elijas según tus creencias, tus gustos, tus directrices. Pues ya lo hemos visto con artistas decididos como Van Gogh, que fue ninguneado y despreciado en vida por disgregarse del rebaño: Célebre tan solo una vez acabó de cavar su propia tumba, y metió la cabeza dentro. Allí, al menos, todo era como él quería que fuera. Sin una sociedad que te adoctrina y te ubica donde tienes, y no donde quieres estar.

Siempre valdrá más la pena ser una alguien que al mirarse al espejo se sienta orgulloso y único; que sepa que su mayor éxito es conocerse a sí mismo, y valorar su aventura singular y diferente. Alejado de ser uno más de esa hilera idéntica de ovejas, que caminan juntas al matadero: bien rectas, bien iguales, bien carentes de imaginación. Pues si hay algo realmente valioso, es el vivir sintiendo que se vive, y no que se muere, lentamente, cansado de pisar el camino mil veces ya pisado por otros.

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